Salimos de Pushkar a primera hora de la mañana hacia Jodhpur. Siendo un pueblo pequeño, Pushkar no tiene estación de tren y tampoco salen autobuses directos para Jodhpur según nuestra guia de viaje. Así que ayer fuimos a un cibercafe (algún día pondré fotos de los cibercafes de la india, esa es otra historia) y el dueño se ofreció a conseguirnos billetes directos de Pushkar a Jodhpur, genial. Eso si, un autobús “para indios” según el del ciber… igual tienen el culo diferente y los asientos no encajan con el standard de trasero europeo o algo así.

Así que hoy hemos tenido nuestra primera “indian bus experience”. Para hacernos una idea:
– Para entrar en el bus había que esquivar la rueda de repuesto que estaba en el pasillo
– Llegamos a dar un par de veces con la cabeza en el techo de los baches y la velocidad. Lo mas parecido para hacerse una idea seria el platillo volante “el ET” de las atracciones de feria. Si te agarras fuerte te mantienes, mas o menos, en tu sitio, no ir dando culazos o no salirte del asiento si no estas agarrado… olvidate.
– Los niños en la india  entran al cole a las nueve. A las ocho y media aquello va que no se cabe. Si no se cabe, donde se pueden poner mas niños? Efectivamente, en el techo.
– La pista era de un solo carril, yo lo se, ahora vosotros lo sabéis, nuestro conductor parece que no lo sabia. O se hacia el sueco dada vez que venia otro coche o moto.
– Es normal esquivar vacas a volantazos si no las apartas tocando el claxon a 100km/h.
– Y poco mas.

El paisaje espectacular y atravesar pueblos un festival de color, nos divertimos bastante. Conocimos a un norteamericano bastante simpático (Evan) y nos fuimos con el a su hostel, nosotros o teníamos nada reservado. Ha resultado ser una casa viejisima a distintos niveles pintada de azul y con muchos recovecos y habitaciones, el dueño encantador y las habitaciones bastante aparentes. Y la guinda: desde el bar de la azotea de ve el fuerte de la ciudad. Una mole a la que las fotos no le hacen justicia. Impresionante. En ese bar conocimos a dos gibraltareños de padres indios (eh?) que se ofrecieron a sacarnos a cenar. Ellos conocen la comida típica y hablan el idioma. Comimos los siete (Evan, incluido) por seiscientas rupias! (poco, traducido) Es lo que tiene.
El pueblo es estereotipo de un pueblo indio en medio del desierto, increíble. Calles estrechas, cuestas, recovecos, toldos y templetes entre casas decrépitas muchas de ellas pintadas de azul, mas color, ruido y por supuesto…vacas!

 
Colegiales subiendo al bus, una estampa que se puede ver en cualquier parte del mundo. Salvando algunas diferencias.

 

 
Desde la ventana del bus en marcha

 

 
Fuerte de Jodhpur

 

 
Tenemos columpio en la terraza

 

 
Avenida principal, camino del restaurante donde fuimos a cenar