Nos levantamos.para desayunar, abrigados todo lo abrigables y con la decisión tomada de no volver a pasar las frió tenga que combinar las capas que haga falta.

Conocimos a la pareja de la hostelera. Un ingles muy agradable con acento de Manchester que nos sirvió en desayuno. Con la tripa llena y buen animo, el de siempre, nos hemos montado en el coche y salido dirección a Argentina para conocer el glaciar estrella de la Patagonia: Perito Moreno.

El camino a la frontera ha sido fácil y cómodo, una buena carretera durante unos cuarenta o cincuenta kilómetros que nos hemos bebido conmigo al volante. Pasamos por primera vez cerca de la cueva del Milodón.

Cambiamos de país en Cerro Castillo, por el cruce de San Cristobal. Un puesto pequeño que cosiste en un edificio administrativo con varias ventanillas. El cielo plomizo y gris y la poca luz que refleja en los tonos verdes pálidos y amarillos de alrededor no ayudan a dar una impresión de vivacidad al sitio. Cruzamos sin mas después de pasar por dos ventanillas diferentes.

La sorpresa llego en argentina. Tras un kilómetro en tierra de nadie vi un cartél que decía que el firme acababa en 500m. Dicho y hecho. La carretera se convirtió sin mas aviso en una pista de tierra pisada que nos acerco a un puesto fronterizo que no esperábamos. No por que estuviese allí, si no por su estado. Edificios que no vieron mantenimiento en mucho tiempo, una cadena fina con eslabones de hierro entre dos postes de ladrillo encalados y desgastados cortando el paso, el camino embarrado. Los detalles del sitio contrastaban con el ultimo paso fronterizo que vimos. El cristal de una ventanilla entera roto y sustituido por un plástico sujeto con cinta americana, otra ventanilla con dos funcionarias trabajando en un solo hueco del protector, esta vez entero y la primera «ventanilla» que era poco mas que una mesa de playa en el hall. Un lugar olvidado de la mano de dios que casaba perfectamente con el aspecto entre rustico y desgastado de los funcionarios.

El ambiente nos preparo para que al preguntar que hacer, una vez que solucionado el papeleo pero con la cadena que cortaba el camino haciendo su función, el funcionario me dijese que la levantase yo. Fue una alegría para los no turistas que transportan gente a través de la frontera. A ellos no se les permite el privilegio de poder levantar la cadena y con nosotros pasaron otros dos coches.

El resto del camino no tuvo.muchas incidencias mas allá que la.carretera. La pista de convirtió en una carretera con pocos baches, pero de gran calidad y después en una carretera de dos carriles mas que aceptable.

La siguiente parada era esperanza, donde íbamos a repostar. No fue tan fácil, nos dijeron que no podíamos llenar el deposito por que llevaban cinco horas sin electricidad. Por otra parte, supongo que tendrían una radio a pilas, por que nos avisaron de que Calafate, nuestro destino estaba aislado por una nevada y que no podríamos llegar sin cadenas. Sin gasolina ni cadenas nos vimos Esperanza planeando que hacer con el resto del día.

Calafate y el Glaciar quedaron descartados. Ahora volvemos hacia la frontera. Un gasto de espacio en el pasaporte y de gasolina que al menos nos ha permitido ver los paisajes de la llanura patagonica argentina, de un color mas amarillo y desolado que los chilenos

También hemos podido apreciar como se conduce por estas llanuras desiertas y de grandes rectas. No sabemos si bien o mal, pero sin duda, rápido.

Hemos hecho el camino de vuelta y pasado otra vez por las aduanas. Primero la argentina, que comparada con la primera vez me ha impactado mucho menos. Incluso el edificio por fuera me parecía cuidado. Típico de las segundas pasadas por sitios que nos impactan, tanto por belleza como por dejadez o fealdad. A todo se acostumbra uno. Supongo que es una de las cosas que nos define como personas. La capacidad de redibujar la linea base de la normalidad. En este caso el proceso ha sido bastante rápido. Unos cientos de km por pistas de tierra y bacheados espectaculares nos han bastado.

Pasado el primer control en el lado argentino, el mismo ritual que a la ida. Un trozo de pista que en este sentido se considera carretera se convierte en carretera chilena de asfalto. Vale la pena darle el beneficio de la teoria de Cris a Argentina: Que al ser Chile mas estrecho, la patagonia chilena no esta tan lejos, tan dispersa como la argentina. En Chile estamos relativamente cerca de los núcleos de población y en Argentina literalmente en medio de la nada. Mi teoría es que Chile esta mejor organizado y en Argentina las élites han estafado al resto de la gente por encima de sus posibilidades, el hecho de que acaben de ser rescatados por el FMI no juega a su favor.

Dejando ese tema, al pasar por la aduana Chilena, dos de los guardas nos preguntaron si no ibamos a El Calafate y el ultimo nos dejo pasar sin mas. Ni formularios rellenamos, todo ventajas.

A la vuelta decidimos pasar por la cueva del Milodón, pero yo ya estaba de un humor regular. Algo en lo que trabajar, cuando la primera mitad del día falla, me cuesta mucho integrarla en un día productivo y paso al modo apatía total. La visita al sitio del bicho ese, una especie de perezoso prehistórico gigante solo dio para ver las tarifas y meternos en el coche con desgana y apatía, al menos yo, en dirección al hostel.

Al menos me hizo reflexionar algo y comencé a trabajar en el cambio de humor despues del aviso de Cris de que me estaba poniendo gris por momentos.

Regresamos al hostel a soltar lastre y de inmediato bajamos al pueblo. Para variar y después del asunto del coche de ayer que hizo que nos acostásemos casi a medianoche, hoy queríamos acelerar todo y meternos temprano en la cama. Aun así era demasiado temprano y quisimos ir al Vinnhaus, otro de los hostels que teníamos fichados, a tomar una caña antes de pasar a cenar al Wild Hostel, habíamos estado ayer allí tomando un te y nos había parecido un sitio agradable.

Uno de los encargados del Vinn nos hecho un cable con la planificación. La intención era buena y confirmo la información de la oficina de turismo, pero al final no nos dio muchas pistas nuevas. Fue agradable la charla, no obstante. Terminada la caña y con las cosas algo mas claras, por fin con un plan maestro que incluye otra visita a El Calafate dentro de tres días a cambio de una de las rutas del parque para la que no tendremos tiempo, nos fuimos a cenar al Wild.

La primera sorpresa culinaria agradable. En oposición a los precios de ayer, donde un chuleton y un ceviche en un restaurante fueron relativamente caros, hoy  la hamburguesa con cerveza nos salio por 7000 copecs a cada uno. Catorce contra los 30000 de ayer. Los dos son asequibles, pero uno de ellos es sostenible en un viaje de 15d, el otro es mas precio de cena en España, que no esta  mal, pero para Chile y un día normal en ruta… No esta del todo bien.

El ambiente de los hostel es algo que nos llama la atención en el camino. El Vinn y el Wild nos abrieron algo los ojos. El sitio donde nos quedamos tiene todo lo que podríamos pedir, menos ambientillo y ese ambiente es parte integral del viaje. De hecho, después de cenar volvimos al Vinn a comprobar si tenían alojamiento para cambiarnos. El bar nos sedujo, igual que el del Wild. No tenían nada para mañana sin compartir, pero si para el día siguiente. Al final quedamos en nuestro sitio. Cambiaríamos el martes para hacer noche en el Wild, -con baño compartido y algo mas caro a cambio de mas animación-, pero eso aun esta por llegar.