Museo de la memoria freetour en Santiago. Miercoles (Dia 16/19) TtCcMm##

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Museo de la memoria freetour en Santiago. Miercoles (Dia 16/19) TtCcMm##

Hemos hecho el viaje desde Puerto Montt hasta Santiago de Chile en un bus nocturno de largo recorrido. Es un vehículo en el que los asientos tienen bastante espacio delante y detrás. Al reclinarlos no quedan sobre nadie, de hecho cada asiento esta en su propio cubículo. En la parte delantera, de la pared sale una especie de mesa, a la altura del asiento y tapizada para poner las piernas que completa la cama. Así hemos venido durmiendo tranquilamente hasta la capital. Un par de veces, a lo largo de la noche hemos atravesado zonas en las que me dio la impresión de que la carretera pasaba a ser pista de tierra. Si era asfalto, al menos estaba lo suficientemente bacheado como para que nos despertara.

Llegamos a Santiago sobre las nueve de la mañana, a una estacion luminosa en la que los buses descargaban sus pasajeros en un patio cerrado por tres andenes y una cuarta pared en la que se abria el edificio de la estacion. Mas tranquilos que en nuestro primer desembarco en la ciudad, preguntamos al guardia de seguridad de la puerta por la boca de metro mas cercana. Con la tranquilidad de haber usado antes el transporte urbano y saber mas o menos como respira la ciudad, recargamos nuestra tarjeta de transporte, la que compramos en nuestro segundo día en Santiago y fuimos al hotel que teníamos reservado. A pesar de todo, no estábamos totalmente preparados para el metro de Santiago a hora punta. Los andenes estaban llenos hasta el punto en que los metros pasaban sin que pudiésemos subir. Nos llamo la atención la intensidad con la que algunos de los que querían entrar empujaban con fuerza a la gente de dentro para abrirse hueco. Sin duda, eso en España o en el Reino Unido habría hecho que a esas personas les cayera un buen chaparrón de imprecaciones y algún empujón. Aquí se veía como algo mas normalizado. Supongo que parte de estar mas lijados como sociedad es que hay un poco mas de respeto por la gente de alrededor, estos empujadores no lo tenían y lo que era mas llamativo, nadie se lo demandaba. Así esperamos que los trenes vinieran mas vacíos, eran las ocho menos diez y fue cuestión de esperar esos diez minutos. Lo que no tuvimos en cuenta es que en el momento en que nuestra estación despejo y los trenes iban llenos solo desde ella, las estaciones que quedaban por delante estaban aun saturadas.

Metro de Santiago, ya mas descongestionado.

Nos metimos en el metro sin problemas, esperamos a que los trenes tuvieran espacio u cupiéramos cómodamente pero según fuimos pasando por estaciones, el vagón sel lleno hasta los topes primero y a continuación fuimos parte de la masa de empujados que tanto nos había llamado la atención antes. Así llegamos a Baquelano, la estación de Plaza de Italia en la que con bastante alivio bajamos para encaminarnos al hotel.

La llegada al alojamiento nos recordo a la de el infame Melmac de Puerto Varas. Habia una diferencia que era quela calle eragradable, el sitio tenia buen aspecto desde fuera (y habiamos hecho una buena busqueda por internet para no vernos en otra igual) y estabamos en manga corta en una mañana soleada. Tuvimos que hacer parada en una cafeteria en la calle principal, a escasos metros de la nuestra para conseguir un wifi desde el que llamar con skype. A estas alturas nuestras herramientas de solucionar problemas estan ya algo mas afinadas. Volvimos al hostel con un cafe calinte en el cuerpo y una señora encantadora salio del edificio de enfrente a abrirnos. Parece ser que el dueño habia tenido una urgencia y no estaba en ese momento, por otra parte entendieron que llegariamos sobre las once, con lo que tampoco estaban preocupados por recibirnos. Nos abrio la puerta y a traves de un pasillo estrecho llegamos a una pequeña recepcion en un salon interior calido y acogedor con un ventanal que abria a un patio. Nos invito a ponernos comodos, aunque al ser tan temparano no teniamos habitacion preparada aun. Asi planificamos el dia y por fin desistimos de visitar ningun viñedo, un plan que se ha mostrado mas complicado de lo que cabria pensar, por falta de coche al principio, por ser festivo despues y en medio por que los viñedos que mas nos llamaban quedaban los suficientemente a desmano como para que la inversion de tiempo no nos compensara. Decidimos pasar el dia en el museo de la memoria y haciendo una ruta guiada por la ciudad. 

Hotel Travesia

El museo de la memoria nos llamo la atencion por lo que implica revisitar una epoca de desapariciones, torturas y dictadura en la que los testimonios estan en tu propio idioma. Me recordo a la casa de la Stassi en Budapest, pero el impacto fue mucho mayor por poder entender cada manuscrito y testimonio. Una visita recomendable para entender lo que paso en Chile desde Allende hasta la democracia. Incluso repetible en otra visita.

Salimos del museo hacia la Plaza de Armas, donde comenzaba en free tour que teníamos fichado para hacer. El guía, un chaval que se llamaba Martín nos paseo casi cuatro horas por la ciudad, las historias no eran apasionantes, faltaba un hilo conector y tampoco se expresaba como un maestro, pero era agradable y le ponía voluntad, no se le puede poner falta. Nos recomendó un par de librerías donde intentamos encontrar sin exito un libro que nos habían recomendado en el Vero Gaucho de Puerto Varas y nos fue acercando, poco apoco a la casa de Pablo Neruda donde acababa la ruta. Nos hizo mucha gracia que se nos uniera un perro callejero. El guia nos explico que esos perros, tan abundantes en Chile son mantenidos por los vecinos y que ese en concreto se llamaba Martín, como el y que seguramente se nos uniría hasta el final de la ruta. Dicho y hecho, Martín el perro nos acompaño durante la ultima hora del tour.Una peculiaridad sobre la que nos puso bajo aviso era que en el Parque Forestal, nuestro acompañante perruno siempre corría hacia los tobillos de la gente y les ladraba. Así seguimos camino, entre viandantes asustados por el parque.

Paseando por Santiago
Agua par a los chuchos
Martin el ladrador

Teminamos el paseo en la casa del Poeta y de alli marchamos a casa. Ya habiamos parado en un par de librerias cuando hicimos recreo en Lastarria, aun paramos en otras tantas en el camino de regreso. Volvimos a Lastarria para ver los puestos callejeros que abrian al atardecer y de ahi, por fin, nos encaminamos al Hotel Travesia. Antes, aun paramos en el centro GAM (Gabriela Mistral) para chequear la ultima tienda de libros.

Otro sitio interesante, el GAM nos recordó al King’s Place en Londres. No solo estaban dando una charla sobre mitología japonesa en la librería, había otra en el hall sobre un tema que no recuerdo, y teatro, música y danza en las instalaciones en distintos días de la semana. No nos coincidió, ni me habría animado en ropa de faena…

Al llegar al hotel por fin conocimos al encargado, una persona de mediana edad, agradable, que muy al estilo chileno nos pregunto sobre nuestro viaje y lo que nos había llamado la atención. Le comentamos que nos había encantado pero parecido peculiarmente caro para la rentas que veíamos y teníamos entendidas. Ya nos había hablado Martín durante la visita a a Santiago de lo difícil que era salir adelante para los chilenos. Nuestro anfitrión nos corroboro lo que nos habían contado y ademas nos explico algo mas sobre lo que había sido Chile, la dictadura y la evolución política y económica del país. Muy interesante, nos abrió los ojos, mas si cabe a las diferencias de distribución de riqueza en un país con recursos naturales increíblemente abundantes.

Descansamos y salimos a cenar en Lastarria. Nos habia llamado la atencion un local, La Sangucheria  al que volvimos para probar. Pedimos, como nos paso tantas veces,un plato de comida para cada uno que debia ser para compartir entre varios. Con eso y un par de pintas marchamos casi rodando. Faltaba un ultimo detalle, nos habían hablado de un local “La República del Pisco” donde se rendía culto a esta bebida popular y tipica. Un garito para no perderse y tomar un buen pisco, peruano o chileno, lo que fuera.

La Sangucheria

Al final, fue una pequeña decepción. Esperábamos un sitio con personalidad y un ambiente de tomar algo. Cuando entramos, un camarero con chaqueta nos sentó en una mesa y trajo cartas de comidas y bebidas. Sin duda tenían todos los piscos imaginables, pero nada distaba mas del bar en que teníamos intención de parar que lo que nos habíamos encontrado. Nos bebimos un pisco con mas luz de la que habíamos esperado y señoras cenando al lado y terminamos la noche con un paseo a casa en una noche agradable que se prestaba para eso y tenia la vida de un fin de semana en ciernes.


El dia en imagenes

2018-12-01T18:45:31+00:00octubre 31st, 2018|Chile 2018-10|

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