De un tiempo a esta parte no acabo de saber si tengo tiempo libre de mas o de menos.


Este fin de semana fuimos a esquiar a la estación de Fuentes de Invierno. El caso es que esta vez, visto en retrospectiva, ha resultado en una serie de sensaciones muy extrañas. Por una parte tenia ganas de ir a esquiar y era la oportunidad perfecta: fin de semana y buen tiempo. Rubén y Sergio iban a ir y yo tenia el equipo disponible, como siempre usaría el de Seni y coincidió que Cris iba a La Pola el día antes. Así que me lie la manta a la cabeza y decidí gastarme los cerca de 25 euros del forfait. Cris por su parte repite excusas: Acompañando no le deja demasiado tiempo libre y prefiere usarlo en algo mejor que fundir pasta para practicar un deporte que no controla. Es algo bastante razonable, sobre todo teniendo en cuenta que ademas de forfait ella tiene que alquilar el equipo.


 Hasta ahí todo normal, dejaría de serlo si tenemos en cuenta que después de madrugar toda la semana, el sábado no conseguí dormir mas allá de las siete y media de la mañana, que el domingo me levantaría para esquiar a las seis y media y que de ahí empalmaría la semana de trabajo. Ademas, esta semana es la del curso de AIPAP y eso implica llegado el sábado levantarme a las 5 para estar a las 9 en Bilbao -donde es el curso- y el domingo madrugar para la segunda sesión de teoría. Casi nada. Como siempre, entre hacer y no hacer, ganaron las ganas de hacer.

Como otras veces, todo es cuestión de meterse en el coche y ver a donde nos lleva, sin mas. Elegimos la estación de destino sobre la marcha cuando pasamos por delante. Elegir una estación u otra no deja de ser cosa de ultima hora. Mi estreno de Fuentes no estuvo mal y el forfait de cuatro horas que fue mas que suficiente. Dos horas de nieve aceptable y otras dos en las que se fue haciendo paposa hasta que marchar fue una bendición. No me porte muy mal, pero no puedo evitar pensar que un par de clases en este momento me harían cambiar todo y mejorar considerablemente. Me defiendo donde me echen mas o menos… pero con poca dignidad y mucho miedo. Siendo así, ni pensar en fuera de pistas, Sergio y Rubén se marcaron alguno. Rubén sobrado y Sergio bien, salvando los muebles. Yo baje por donde toco, creo que incluso alguna negra y caí lo que tenia que caer, pero siempre en zona balizada.

Después recogimos el equipo y tiramos para Felechosa a comer. Justo a tiempo para darme cuenta de que la caña de las botas estaba en modo caminar y tenia mas flexibilidad de la que habría sido recomendable para la sesión de esqui que acababa de terminar, en fin… Acabamos con unos menús del esquiador que por las cantidades de patatas, huevo y picadillo se tenia que haber llamado el menú del muñeco de nieve y tiramos para casa.

Un buen día en el que mejor olvidar la semana que se cernía sobre mi cabeza. Al final no seria tan mala, pero esa es otra historia.