Nuestro segundo día a comenzado al final del primer vuelo. Sonido de cinturones de avión que se desabrochan, gente levantándose antes de que el avión pare, auxiliares de vuelo llamando la atención y vuelta a la casilla de salida. Lo normal.

Lo que no es normal el Stansted por la noche. Hay tradiciones que vale la pena mantener y parece que alguien decidió que una de ellas es la del ambiente de los refugios antiaéreos para la población en los que la gente se hacinaba por miedo a los bombardeos en la segunda guerra mundial.

A ese efecto se a acondicionado Stansted durante la noche cerrando al publico el 80% de la zonas comunes del aeropuerto. Se respeta solo un espacio diminuto asediado por tiendas de comida rápida hiperiluminadas y alguna terraza de aeropuerto , el centro esta ocupado por stands de información sobre buses y trenes y un par de hileras de bancos donde los mas afortunados, comparten desgracia sentados. Son los treinta, cuarenta en cualquier caso, que tienen que esperar al primer vuelo de la mañana y han tenido la suerte o la desgracia de llegar con suficiente antelación como para pasar sentados las seis o siete horas que aun faltan.

El resto, deambula sin sentido por el espacio entre la puerta y las cintas que cierran el área vacía cerrada al publico. Poco a poco, sin saber lo bien que estaban jugando sus cartas, los mas cansados se han ido sentando en el suelo. Ahora todo el suelo donde alguien puede sentarse y apoyar la espalda en la pared esta ocupado y la gente comienza a tumbarse enmedio del hall de entrada, delante de la puerta del aeropuerto. Bienvenido a Stansted.

Nosotros hemos durado poco. A las 01:40 Cogimos el bus para Heathrow. Y llegamos a un aeropuerto mas amable. Tanto que se puede etiquetar de inhóspito. Stansted se queda en la categoría de hostil, tiene que trabajar mucho todavía para ser inhóspito.

Dormitamos hasta el amanecer y sobre las seis de la mañana ha llegado Cris. Nos encontró buscando una zona de bancos donde pudiera pasarse la noche. Tuvo bastante vista, por que nos encontró de primera. Al poco llego Richi, el ya había pasado la noche en Londres, pero como los demás, no durmió demasiado y a las seis y media ya le había dado tiempo de perderse en el camino y llegar al aeropuerto. De hecho lo vi en el exterior cuando iba a entrar, llamándonos con el teléfono en la mano para que le indicáramos donde estábamos.

Once horas de viaje después, una de facturación y otra de espera para montar en el avión y zas, en Los Ángeles casi sin darnos cuenta. Un casi bastante grande, eso si.

Hemos tirado de la tarjeta telefónica inglesa de Cris para llamar un Uber y que nos acercara a Arlington Ave. Nuestra residencia esta noche, soltar las maletas, ducha rápida y a ver la ciudad.

La impresión inicial no ha sido brillante. Atravesamos Little Korea, el barrio donde nos hemos quedado en dirección a la estación de metro que nos llevase a la misión de Los Ángeles, el origen histórico de la ciudad. Hemos comenzado a ver homeless desde el principio. Muchos gritando y gesticulando de forma repetitiva, todos con grandes bolsas, algunos empujando carros de supermercado. Esto ha sido una constante el día de hoy. Parece que el espectro social es muy amplio en EEUU. Y eso, no es tan bueno como suena.

Así ticamos los aspectos culturales del día visitando el Pueblo de Los Ángeles. La calle que queda de la población que se fundo rondando el 1800 por orden de Carlos III. A día de hoy una calle de tenderetes y bujios de comida mejicana que lleva a una plaza con un gazebo para orquesta. De nuevo, rodeado de gente que vive con lo puesto y lleva puestos solo andrajos. El sitio es interesante, pero a pesar de que esperábamos ver algo que se asemejara a nuestro concepto de ciudad en la parte mas antigua de L.A. no dejo de tener la sensación de que son manzanas de edificios aisladas que están rodeadas de autopistas de cuatro o seis carriles.

Despues de cenar comida bastante batalla mexicana rodeados de mexicanos a juego con la comida, visitar la misión y intentar ver el barrio chino de aspecto destartalado junto a la misión, después pasar por delante de distintas tiendas de campaña en la acera y gente sin casa en cada plazuela por la que caminábamos, hemos vuelto al hostel a dormir. Serian las ocho de la tarde en LA y ni se que hora en España. Caímos muertos cuando subimos a la habitación. Un día largo a la sombra del cansancio del viaje.