Lucia Etxebarria (2013) Acabar con la corrupción es posible

Articulo de prensa

 

El otro día estaba escuchando en la radio al juez Daniel de Alfonso Laso, director de la Oficina Antifraude de Catalunya, que decía que “corrupción ha habido siempre, pero ahora se sabe”. Yo creo que siempre se ha sabido, pero que antes no importaba tanto. ¿Que se habían mangoneado 1.217 millones en el caso de los ERE? ¿Que Millet tenía una cuenta en Suiza con 35 millones? ¿Que la trama Gürtel había robado 120? ¿Que las fundaciones FAES e Ideas sirven sólo para pagar favores y reciben siete millones al año? Daba igual, la gente seguía votando a los ladrones.

Porque, como decía Chéjov, un perro hambriento sólo tiene fe en la carne. Y no ladra si le dan de comer. Pero si suman ustedes todos los millones anteriores y calculan de paso los robos que no se han podido probar (porque las cifras probadas apenas representan la punta del iceberg), verán que de no haber robado no harían falta ahora ni copagos ni privatizaciones. Porque se ha esquilmado del erario público.

Me hablan de un futuro pacto anticorrupción… Y yo me pregunto si ese pacto exigirá que…

Las fundaciones de los partidos no sean subvencionadas por el erario público, que ya subvenciona (y muy bien) a los partidos. Que los partidos sean auditados no cada cinco años, sino de forma continua, y no sólo por el Tribunal de Cuentas, que no es un órgano independiente y que no tiene capacidad para destapar fraudes, porque las auditorías sólo se hacen sobre lo declarado en A.

Que se imponga: la transparencia informativa para que podamos conocer los sueldos de los dirigentes de todos los partidos; la transparencia total de las administraciones públicas, la conservación de documentos, la prohibición de aceptar regalos, la ausencia de cargos de libre designación política (= a dedo), porque es un escándalo que entre los 578 cargos de libre designación del Gobierno español, 58 no tengan el graduado escolar; la homogeneidad de sueldos públicos, porque los políticos no deberían jamás poder decidir sus propios sueldos; la incompatibilidad del cargo público con el ejercicio de actividades privadas relacionadas directamente con los asuntos en que tenga que intervenir por razón de su cargo.

Que un político tenga prohibido pertenecer a consejos de administración u órganos rectores de empresas cuya actividad esté relacionada con las que él gestione; o desempeñar cargo representativos o ejecutivos en sociedades que trabajen y cobren para y desde el sector público. Que un político no pueda tener participación superior al 10 por ciento en el capital de dichas empresas.

Que se acabe con la amnistía fiscal. Que los delitos de corrupción no prescriban, para evitar que el corrupto se vaya de rositas aprovechando la lentitud (y la corrupción) de la justicia. Que el indulto, tal y como está concebido (como pago de favores), desaparezca.

Si el pacto anticorrupción incluye estas medidas, creeré en la buena fe de los partidos. Pero ahora me hablan de un pacto anticorrupción que suena más bien a omertà siciliana entre varias familias. Ni tu periódico ni el mío hablarán más, no nos acusaremos los unos a los otros, porque esto se nos está yendo de las manos. Pero que no va a tocar el problema real. Que no va a dinamitar las bases de un sistema organizado de tal manera que se pueda robar impunemente.

Llámenme escéptica, pero soy de las que creen que si no cambia la ley, se seguirá usando la trampa.

Lucia Etxebarria (2013) Acabar con la corrupción es posible

Articulo de prensa

 

El otro día estaba escuchando en la radio al juez Daniel de Alfonso Laso, director de la Oficina Antifraude de Catalunya, que decía que “corrupción ha habido siempre, pero ahora se sabe”. Yo creo que siempre se ha sabido, pero que antes no importaba tanto. ¿Que se habían mangoneado 1.217 millones en el caso de los ERE? ¿Que Millet tenía una cuenta en Suiza con 35 millones? ¿Que la trama Gürtel había robado 120? ¿Que las fundaciones FAES e Ideas sirven sólo para pagar favores y reciben siete millones al año? Daba igual, la gente seguía votando a los ladrones.

Porque, como decía Chéjov, un perro hambriento sólo tiene fe en la carne. Y no ladra si le dan de comer. Pero si suman ustedes todos los millones anteriores y calculan de paso los robos que no se han podido probar (porque las cifras probadas apenas representan la punta del iceberg), verán que de no haber robado no harían falta ahora ni copagos ni privatizaciones. Porque se ha esquilmado del erario público.

Me hablan de un futuro pacto anticorrupción… Y yo me pregunto si ese pacto exigirá que…

Las fundaciones de los partidos no sean subvencionadas por el erario público, que ya subvenciona (y muy bien) a los partidos. Que los partidos sean auditados no cada cinco años, sino de forma continua, y no sólo por el Tribunal de Cuentas, que no es un órgano independiente y que no tiene capacidad para destapar fraudes, porque las auditorías sólo se hacen sobre lo declarado en A.

Que se imponga: la transparencia informativa para que podamos conocer los sueldos de los dirigentes de todos los partidos; la transparencia total de las administraciones públicas, la conservación de documentos, la prohibición de aceptar regalos, la ausencia de cargos de libre designación política (= a dedo), porque es un escándalo que entre los 578 cargos de libre designación del Gobierno español, 58 no tengan el graduado escolar; la homogeneidad de sueldos públicos, porque los políticos no deberían jamás poder decidir sus propios sueldos; la incompatibilidad del cargo público con el ejercicio de actividades privadas relacionadas directamente con los asuntos en que tenga que intervenir por razón de su cargo.

Que un político tenga prohibido pertenecer a consejos de administración u órganos rectores de empresas cuya actividad esté relacionada con las que él gestione; o desempeñar cargo representativos o ejecutivos en sociedades que trabajen y cobren para y desde el sector público. Que un político no pueda tener participación superior al 10 por ciento en el capital de dichas empresas.

Que se acabe con la amnistía fiscal. Que los delitos de corrupción no prescriban, para evitar que el corrupto se vaya de rositas aprovechando la lentitud (y la corrupción) de la justicia. Que el indulto, tal y como está concebido (como pago de favores), desaparezca.

Si el pacto anticorrupción incluye estas medidas, creeré en la buena fe de los partidos. Pero ahora me hablan de un pacto anticorrupción que suena más bien a omertà siciliana entre varias familias. Ni tu periódico ni el mío hablarán más, no nos acusaremos los unos a los otros, porque esto se nos está yendo de las manos. Pero que no va a tocar el problema real. Que no va a dinamitar las bases de un sistema organizado de tal manera que se pueda robar impunemente.

Llámenme escéptica, pero soy de las que creen que si no cambia la ley, se seguirá usando la trampa.